LEYENDA DEL BURRO
Leyenda del Estado de Oaxaca
Había terminado Dios de presenciar el diluvio que duró cuarenta días y cuarenta noches. En el techo del mundo tenia reunidos a sus hijos predilectos, a quienes salvó de la inundación. Para entretenerlos, y que no se aburrieran allá arriba, mientras se secaba la tierra, les contaba cuentos, bonitas mentiras. Ameno, como es el Creador para contar mentiras, tenia boquiabiertos a todos los animales de la creación a su alrededor.
Se acordó mientras les narraba el cuento del origen del universo, que estaba esperando a que bajaran las aguas y el sol secara la tierra; entonces mandó a uno de los animales que se encontraba más cerca de él para que se asomara a la tierra para que viera si el sol ya la había secado. Tan bonita mentira contaba Dios a sus hijos que el animal siguió prestando atención al cuento, y no hizo caso de la orden.
Por segunda vez Dios ordenó, a aquel animal embebido en la narración, que se asomara desde el techo del mundo a ver si ya estaba seca la tierra. Tampoco en esta ocasión obedeció el animal, que prefería no perder detalle de los cuentos del Creador.
A la tercera vez Dios interrumpió su narración, y con los ojos llenos de ira, se dirigió al interpelado y le grito:
¡Vete, Burro!
Un humilde animal se levantó de su la lado, pero en aquel momento sus atentas y bien hechas orejas crecieron enormemente, y desde entonces le quedó el nombre de burro, que Dios le dio.
LEYENDA DE LA MATLAZIHUA
Leyenda de la Matlazihua, Miahuatlán de Porfirio Díaz, Oaxaca.
Muchos aseguran haberla visto caminando, casi flotando por las calles de Miahuatlán. Han visto a una mujer vestida de blanco caminando a altas horas de la noche y madrugada cerca del arroyo que cruza la ciudad. Aunque nadie recuerda con certeza las facciones de su rostro, una vaga imagen en la memoria de los que la han visto dicen que es una hermosa mujer, coqueta, de movimientos suaves que los seduce inmisericorde.
La Matlazihua se les aparece a los borrachos o a los enamorados que vagan por la ciudad a altas horasde la noche. En su coqueteo, los seduce a seguirla, siempre hacia el arroyo. Con sus movimientos crea un embrujo paralizante que hipnotiza a los que la siguen en la densa oscuridad. Con este encanto los arrastra hacia lugares donde crecen las plantas de huizache, una planta espinosa que se caracteriza por su fuerte olor. Los encantados por el embrujo de la Matlazihua despiertan del encantamiento sobre estas plantas, espinados y adoloridos, y su reacción es casi siempre invariable por no saber qué hacen y cómo llegaron a ese lugar
La carreta de la muerte.
Una noche de fin de año paso una carreta por un pueblo, ésta estaba jalada por
dos caballos negros enormes, dentro había una mujer que en un momento haciendo referencia al Diablo dio un grito, entonces toda la gente se apresuró a esconderse del terror, tanto así que una madre dejó a su niño por olvido allí mismo, entonces cuando volvieron todos, el chico había desaparecido, habló con un pastor para que le dijera como recuperarlo y él le dijo que pusiera un espejo en el suelo por donde pasa la carreta apuntando para arriba, entonces cuando llegó el momento de que pasó el vehículo, al estar sobre el espejo comenzó a prenderse fuego y todos los que adentro estaban comenzaron a gritar, cuando se convirtió en cenizas, en el suelo habían dejado un bebé.

El Sombrerudo de Oaxaca.
En una secundaria de México, en la parte de los salones para ser más exactos, yacía desmayada una joven muchacha, ella tenía en mente solo una cosa, lo que vio antes de caer rendida en el suelo y se trataba de un hombre con sombrero que podía también ser conocido como Charro, o Catrin, era como un demonio, ella no pudo con el espanto de lo que vio, además se dice de esta criatura que estaba en ese momento trepado a una manga, se confunde a este señor con la Matlazihua, pero en versión masculina que también es una posibilidad, la cuestión es que todos se desmayan al verlo por algún sitio y solo las mujeres pueden hacerlo.
hecho por
ALINA AMÉRICA GARCÍA SANTIAGO No 10DOLORES SALMERÓN GARCÍA No 35

